
Debo ser un Buda, ya que tengo recuerdos de todas las vidas, las almas, por las que mi espíritu migró…
La primera vez que fui, fue como grano de arena en una playa; y la última, antes de la actual, fue como koala. Un camino largo, pero lleno de penas y alegrías, de modo que en esta rueda de la vida, es imposible el aburrimiento…
Así como en el cuento de cuentos, el libro de «Las mil y una noches», Sherezade mantenía a su esposo intrigado día tras día, evitando así su propia muerte, la curiosidad de una nueva vida hace pervivir en mí el interés por continuar enlazando, vuelta a vuelta, la rueda de la vida.
En cuanto a la perfección de mi espíritu, gracias a Dios, aún tengo mucho por mejorar…